”La exportación no es una opción, es una obligación, no hay alternativa”

12 febrero, 2018
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Atlántico Diario

 

Ernesto Rodríguez se incorporó a la empresa familiar Mecanizados Rodríguez Fernández en el 2007, por lo tanto con la crisis llamando a la puerta

La compañía entró en concurso de acreedores y hoy ha ganado en solvencia, velocidad de producción, generación de valor y adaptación a un mercado cada vez más cambiante. En estos momentos exporta el 65% de su producción. La internacionalización y el compromiso de la plantilla han sido claves para salir del bache.

Después de la crisis y el proceso concursal, ¿cómo se enfoca la nueva realidad de la empresa?

El horizonte lo vemos bastante despejado, sobre todo porque venimos de dos o tres años con resultados claros, mejores que cuando se vendía el doble, y se nota la reorganización del modelo de negocio, la propuesta de valor, la forma de trabajar, sin renunciar a todo lo bueno que teníamos ya de atrás. Vemos que puede ser un año bastante bueno y mirando a los años sucesivos estamos tratando de definir el futuro.

¿Y cómo será el futuro?

Es muy atrevido decirlo. Trabajamos bastante en ello, pensamos, hablamos y tenemos un par de ideas claras. Lo que no vamos a cambiar son los valores. Esta es una empresa ourensana, que quiere estar radicada en Ourense, que quiere crear empleo en Ourense y eso no está en discusión. Ahora bien, si fabricamos las bisagras más gruesas o más finas, con una prensa o con otro tipo de máquina o si proponemos productos o incluso servicios para otros sectores, eso es lo que estamos analizando. Como mejoras pero sin renunciar a lo que somos: una empresa que hace el proceso completo, que tiene producto propio, que fabrica y crea empleo en Ourense. Esa es la parte innegociable.

¿Le ha venido bien la crisis a la empresa para ganar maniobrabilidad?

Por circunstancias de la vida yo me incorporé a la empresa en el año 2007 y prácticamente no viví otra cosa que la crisis. Yo creo que las empresas nunca deben dar nada por bueno y deben estar permanentemente poniéndose objeciones. En nuestro caso fue de una forma traumática, que no era deseable, pero todas las empresas tienen que estar dudando en todo momento de si están haciendo lo correcto. En el momento en el que dejen de dudar creo que van a tener problemas.

¿Hasta que punto la exportación está siendo un colchón para sus actividades?

Pues de una forma absoluta. La internacionalización había comenzado ya en el año 1992 y cuando llegó la crisis estábamos en el 45%. En un mercado español muy contraído hubo que trabajar en más mercados. Hoy es el 65% y tenemos presencia en treinta mercados de una forma constante. Nuestro producto es de un nicho muy específico y el mercado español no da para sostener la estructura empresarial. La internacionalización no es una opción, es una obligación. No tienes alternativa si no lo haces.

¿Significa eso que tienen que hacer proyectos a medida para mercados tan homogéneos?

En efecto. Significa tener un departamento comercial cualificado, dedicado y potente. Si no tuviéramos el departamento comercial que tenemos, alguno de ellos lleva ya con nosotros veinte años, comprometidos en los tiempos duros, sería imposible tener esa presencia. Tenemos que escuchar muchísimo a los clientes y saber transmitir esa información al resto de la organización. Es cierto que cada cliente nuevo nos obliga a la transformación de producto. ¿Cómo lo conseguimos? Duplicando la velocidad de generación de producto, habiendo creado empleo, teniendo la matricería trabajando a dos turnos, formando a los trabajadores, apostando por un departamento que cada vez va teniendo más personal porque es necesario ganar en velocidad de respuesta. Creo que en nuestro sector no hay ninguna empresa del mundo capaz de tener una adaptación de producto como nosotros. Y eso es porque tenemos el diseño, el departamento comercial y tenemos la fábrica. Somos lo suficientemente pequeños para tomar decisiones deprisa.

Por lo tanto, también es una empresa con trabajadores muy implicados

Sería absolutamente imposible haber pasado tiempos duros e ir mejor si fuese por las personas que trabajan en la empresa. La función de un gerente no es más que arriesgar a veces un poco en algunas decisiones que a veces salen bien y otras mal, tratar de captar personas y sobre todo intentar que las personas den lo máximo con convicción porque se sientan contentos, vinculados entre sus compañeros, y que entienden que son parte importante de esto. Hace años se oía la frase: a mi nadie me paga por pensar. Hace años que esa frase ya no se la oímos a nadie. Claro que nos pagan por pensar, nos pagan a veces hasta por incordiar y llevar la contraria. Si no fuese por el equipo que tenemos, todo esto hubiese sido imposible.

A pesar de que el entorno es muy cambiante, ¿cómo quiere posicionar a la empresa en materia de innovación o captación de talento?

Después de pasar unos años muy complicados en los que no se podía gastar más que lo indispensable para poder pagar deuda ahora esa fase comienza a estar superada. Ahora estamos en una fase de estudio para prepararnos para el futuro, que todavía no sabemos si será a través de nuevos materiales, nuevos mercados o nuevos productos. Lo que sí tenemos muy claro es que o cambiamos o nos sacan. Ese es el reto en el que estamos todas las empresas: lo que vale hoy va a valer durante un tiempo, pero un tiempo limitado y eso nos obliga a aprender permanentemente.

¿La crisis  forma parte del pasado?

La crisis, entendida como algo que no te deja dormir porque tienes que pagar a tus proveedores, sí. La crisis, desde el punto de vista etimológico, que significa cambio constante, seguirá estando con nosotros siempre.