China crece gracias a los coches eléctricos

12 enero, 2018
Comments off
28 Views

El Mundo

 

Que el coche eléctrico es el futuro no se discute. Que a ese futuro le queda todavía un largo camino por recorrer, tampoco. Lo que ha ocurrido el año pasado en China –el país que más hace por popularizarlo– ejemplifica esas cuestiones.

En 2017, el primer mercado del mundo volvió a batir su récord, con 24,72 millones de turismos matriculados según la Asociación China de Fabricantes de Vehículos. El dato es sólo un 1,4% superior al de 2016 (al que superó en unos 340.000 automóviles) y el crecimiento más bajo de los últimos 20 años.

Aunque habría sido todavía inferior de no contar con el empuje de los vehículos híbridos y, especialmente, los eléctricos. Su demanda se elevó en un 53%, hasta las 777.000 unidades.

Es decir, 270.000 vehículos adicionales que representan el 80% de lo que creció el mercado total. En cambio, el peso de los coches electrificados en la demanda global es del 3,2%. Si nos ceñimos sólo a los coches eléctricos puros, la contribución fue del 65% con 220.000 vehículos.

Aunque ese porcentaje sólo puede seguir creciendo, ya que el país tienen que luchar contra la enorme contaminación del tráfico. Y, a la vez, quiere pasar de una economía basada en las manufacturas a dominar tecnologías estratégicas entre las que consideran a la movilidad eléctrica, más sencilla y en la que están mucho mejor posicionados gracias a sus fabricantes de baterías.

Esto podría llevar, por ejemplo, a eliminar el requisito que obliga a los fabricantes occidentales a constituir una joint venture con una compañía local para producir en un país. Quedarían exentos siempre que sean vehículos eléctricos. Hasta ahora, la obligación –fijada en 1994– ha hecho de barrera de entrada para proteger a una industria más atrasada en los modelos convencionales; al mismo tiempo que facilitaba la transferencia de tecnología.

En paralelo, no se ha dejado de potenciar su demanda. Uno de los caminos ha sido penalizar la compra de modelos convencionales y hace ya años que grandes urbes como Pekín han ido reduciendo sustancialmente el número de coches nuevos que admitían cada año. Para ello, primero redujeron el volumen de matrículas que sorteaban, luego garantizaron unos cupos mínimos para los vehículos ecológicos y, por último, los eximieron de cualquier limitación. En concreto, a finales del pasado año se decidió extender hasta 2020 los incentivos a su compra.

En cambio, la rebaja en la fiscalidad para los coches con motor de combustión de hasta 1,6 litros que se había aprobado a finales de 2015, se eliminó parcialmente en 2017 y retomará ahora a su nivel original (un 10%). Además, fuentes oficiales anunciaron el pasado año que «en un futuro cercano» se dejarán de fabricar coches de gasolina y diésel.

En cambio, los objetivos conocidos para los vehículos electrificados son ambiciosos: un 8% de la demanda total ya este mismo año, lo que supondría cerca de dos millones de coches, y cinco millones en 2025.

Sin embargo, de poco serviría alcanzarlos si no se sigue purificando el mix energético. Así, el carbón que permitió soportar sus brutales tasas de crecimiento en el pasado ya sólo representa un 62,5%. China también se ha convertido en el primer productor de energía de fuentes renovables. Sólo en 2016 instaló la mitad de las centrales eólicas del mundo y produjo un tercio de la energía solar.

La meta es que esas fuentes limpias lleguen al 20% del mix en 2030, con unos efectos brutales. Considerando lo que se contamina en obtener la energía, un coche cuya electricidad provenga del carbón es como si expulsara 200 gramos de CO2 por kilómetro. Si se obtiene de paneles solares, serían ocho gramos y cuatro si viene de una central nuclear.