¿Adiós a los vientos de cola?

18 junio, 2018
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La Voz de Galicia

 

El final del petróleo barato y de la era de compra masiva de deuda del BCE complican el futuro a la economía española

La economía española mantiene la velocidad de crucero de su crecimiento aún cercana al 3 %. Pero los vientos de cola, de los que se sirvió para despegar primero y luego mantenerse, pierden fuerza. Ayer mismo el Banco de España hizo pública su previsión, y aunque estima que el PIB avance un 2,7 % este ejercicio -idéntico cálculo que el Ejecutivo-, un 2,4 % el próximo y un 2,1 % en el 2020, advierte que el fin del petróleo históricamente barato puede causarle problemas al país en forma de inflación.

Pero que el barril de crudo no baje de las nubes no es el único obstáculo a la vista. Otro de los vientos favorables que empujaban a la economía patria nacía en el Banco Central Europeo (BCE) y pronto no será más que una leve brisa, ya que este jueves Mario Draghi anunció que la era de la compra masiva de deuda -comenzó en el 2015- está a punto de concluir.

Hasta el 30 de septiembre se mantendrán las compras mensuales (principalmente bonos soberanos) en 30.000 millones de euros, y bajarán a la mitad hasta el 31 de diciembre. A partir de esa fecha, se acabó. Es decir, que quedan seis meses y 165.000 millones. En cualquier caso, para que la retirada de los estímulos no sea tan dramática, Draghi anunció que los tipos de interés seguirán en el 0 % «al menos hasta el verano del 2019».

¿Cómo afectará todo esto a España? Los expertos señalan que el impacto será diferente para el Estado, la banca y el ciudadano de a pie. «La ciudadanía no será quien más lo note, por el momento, ya que los tipos de interés no van a sufrir cambios todavía. La banca, por su parte, ha reducido bastante su exposición a la deuda pública, pero ahora pierde la red de protección de estabilidad financiera que suponían las compras masivas del BCE», explica el economista José Carlos Díez.

Más difícil cumplir el déficit

«Lo más normal es que, al desaparecer el principal comprador [el BCE] los inversores privados exijan tipos algo más altos a la deuda pública», añade, para apostillar que «en consecuencia, el Estado aumentará el pago por intereses y tendrá más difícil cumplir el objetivo de déficit». Además, el hecho de que financiarse en los mercados sea más caro, puede traducirse en un menor crecimiento.

En similares términos se pronuncia Javier Santacruz, profesor de Economía en Essex, al asegurar que los cambios en la política monetaria europea le supondrán al Estado una mayor factura por los intereses de la deuda, «por lo que se le acaba el margen para incrementar el gasto cargándolo a este ahorro que hasta ahora obtenía», señala. Cabe recordar que el exministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, pretendía sufragar parcialmente el incremento del gasto por la subida de las pensiones un 1,6 % (pactada con el PNV en los Presupuestos Generales del Estado para este año) con el ahorro por los intereses de la deuda.

Santacruz entiende que lo que el BCE hizo el jueves fue «preparar el camino para subir los tipos de interés». «Cuando esto ocurra -y no será inmediato-, tendrá dos efectos principales para el ciudadano de la calle: se encarecerá el coste de las hipotecas a tipo variable, ya que el euríbor empezará a subir, y mejorará, al menos un poco, la rentabilidad de los productos más conservadores, como los depósitos», explica, mientras que para la banca se traducirá en una mayor rentabilidad «vía mayores márgenes».

Cristina Ares, profesora de Ciencia Política en la Universidade de Santiago, pone el acento sobre la importancia de las decisiones que el BCE tomó en los momentos más dramáticos de la crisis. «La política monetaria de la UE estaba pensada con un enfoque muy restringido: controlar la inflación. Pero con la crisis del euro, el BCE dio una respuesta política, con mecanismos no convencionales, y envió la señal de que la UE no era atacable». Ahora es momento de pasar página.